Alice Jean Baptiste, de cinco años, llegó al Hospital Pediátrico St. Damien luchando por su vida.
Tras meses de enfermedad inexplicable, diagnósticos tardíos y un peligroso viaje por todo el país, los médicos confirmaron lo que su familia más temía: Alice padecía leucemia linfoblástica aguda de alto riesgo, un cáncer agresivo de la sangre y la médula ósea que progresa rápidamente sin tratamiento.
Cualquier retraso adicional podría haberle costado la vida.
Este momento marcó el inicio de una larga e incierta lucha, una lucha marcada por la determinación de una madre, un equipo médico que trabajaba contra todo pronóstico y un hospital que sigue siendo el único lugar de Haití donde los niños como Alice pueden recibir atención pediátrica especializada contra el cáncer.
Antes del diagnóstico, la vida de Alice transcurría lejos de los pasillos del hospital de Puerto Príncipe. Su familia vivía en Saint-Marc, una ciudad costera del departamento de Artibonite, en Haití ,, donde el acceso a la atención pediátrica especializada es limitado y las enfermedades graves a menudo requieren viajes largos y difíciles para recibir tratamiento.
Antes de enfermar, Alice tuvo una infancia normal en Saint-Marc. Iba al colegio, jugaba con su hermano pequeño y estaba rodeada del amor de sus padres.
Entonces llegó la fiebre.
Al principio, parecía manejable. Sus padres buscaron atención en varias clínicas locales, pero los tratamientos no trajeron ninguna mejoría. Alice se debilitó. Dejó de jugar. Apenas comía. Y se retiró por completo de la escuela.
Los médicos finalmente dieron la noticia que ningún padre está preparado para escuchar: cáncer.
Para la madre de Alice, Anne Marie Jean Baptiste, el diagnóstico fue devastador, no solo por la enfermedad en sí, sino por la incertidumbre que le siguió. Algunos descartaron por completo los síntomas de Alice, atribuyéndolos a la superstición en lugar de a la medicina.
Sin embargo, una cosa quedó clara: Alice necesitaba cuidados especializados que no se podían encontrar en la zona.
Sin acceso a atención médica especializada en cáncer en Saint-Marc, los padres de Alice se enfrentaron a una elección imposible: quedarse y arriesgarse a perder a su hija, o emprender un peligroso viaje en busca de tratamiento. Para las familias de Haití, el camino hacia la atención médica que puede salvarles la vida es a menudo tan peligroso como la propia enfermedad.
Necesito añadir algún tipo de texto de pie de foto aquí Por determinar | Hospital Pediátrico St Damien 2026
Alice fue derivada al Hospital Pediátrico St. Damien de Puerto Príncipe, el único hospital de Haití equipado para tratar a niños con cáncer.
Llegar allí fue toda una odisea.
Viajar desde Saint-Marc significaba atravesar zonas afectadas por la inseguridad, pasar por puestos de control armados y circular por carreteras peligrosas con un niño gravemente enfermo. Cada parada traía consigo el miedo. Cada kilómetro planteaba la misma pregunta: ¿Lo conseguiremos?
El 5 de abril de 2025, Alice llegó a St. Damien.
Para sus padres, fue el primer momento de alivio tras meses de incertidumbre, y la primera oportunidad real de que su hija sobreviviera.
Llegar a St. Damien trajo esperanza, pero también reveló lo poco que quedaba de tiempo. Los meses de incertidumbre y retrasos en la atención médica habían tenido consecuencias devastadoras, y el estado de Alice era mucho más crítico de lo que nadie había imaginado.
Una vez ingresada, los médicos comprendieron rápidamente la urgencia del estado de Alice.
No padecía una infección, como se había supuesto inicialmente. Alice tenía leucemia avanzada con afectación del sistema nervioso central, una fase especialmente peligrosa de la enfermedad. Su estado era tan grave que tuvo que ser estabilizada en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) antes de poder siquiera comenzar el tratamiento contra el cáncer.
Se necesitaban transfusiones de sangre con urgencia. Las pruebas diagnósticas se retrasaron debido a las restricciones de vuelo, lo que obligó a los médicos a comenzar el tratamiento sin la confirmación de los laboratorios internacionales.
A pesar de todos los obstáculos, el equipo médico siguió adelante, porque esperar no era una opción.
Los médicos confirmaron más tarde que cualquier retraso adicional podría haber sido fatal.
Salvar la vida de Alice requirió más que una intervención médica. Exigió sacrificios que ninguna familia debería verse obligada a hacer, sacrificios que transformaron por completo la vida de sus padres.
Únase a nuestra campaña del Día Mundial de la Salud haciendo una donación para apoyar la labor vital y salvadora del Hospital Pediátrico St. Damien. Niños como Alice dependen de la generosidad de personas como usted.
El tratamiento de Alice obligó a su familia a permanecer en Puerto Príncipe durante meses. Sin familiares cerca, se vieron obligados a reconstruir su vida cotidiana lejos de casa, desenvolviéndose en una ciudad desconocida mientras cuidaban de una niña gravemente enferma.
Anne Marie, una profesora, perdió su trabajo. Su marido también. Su estabilidad financiera desapareció casi de la noche a la mañana.
Pero para la madre de Alice, nunca hubo posibilidad de elección.
La vida de su hija era lo primero.
Alice necesitaba cuidados constantes, una supervisión minuciosa y un apoyo emocional constante, especialmente durante los meses más difíciles de la quimioterapia. Para Anne Marie, cada día se convirtió en un acto de vigilancia, devoción y determinación.
Durante meses de incertidumbre, pérdida y sacrificio, la familia de Alice se aferró a una creencia fundamental: que la curación significaba más que sobrevivir a la enfermedad. Significaba proteger quién era Alice y en quién podía convertirse.
El tratamiento para la leucemia de alto riesgo es largo y exigente. El protocolo de Alice dura 30 meses e incluye múltiples fases de quimioterapia intensiva.
Pasó nueve meses hospitalizada.
Los efectos secundarios fueron graves. Náuseas, caída del cabello y agotamiento. Pero junto con el desgaste físico, algo más se arraigó, algo tan poderoso como la propia medicina.
Alice siguió aprendiendo.
Cada día, su madre transformaba la habitación del hospital en un aula, guiándola en sus tareas escolares y lecciones de matemáticas. El equipo de oncología fomentaba estos momentos, decididos a que Alice no solo fuera vista como una paciente, sino como una niña con futuro.
Poco a poco, el cambio se hizo visible.
Alice volvió a sonreír. Recuperó el apetito. Empezó a sentirse ella misma.
Hoy, Alice continúa con su tratamiento como paciente ambulatoria. Le está volviendo a crecer el pelo. Estudia. Se ríe. Tiene esperanza.
El progreso de Alice es una prueba de lo que se puede lograr cuando se combinan la atención especializada, el compromiso de las familias y el apoyo constante del Hospital Pediátrico St. Damien. Pero su historia también revela una cruda realidad: para la mayoría de los niños de Haití que padecen cáncer, el acceso a este nivel de atención sigue siendo dolorosamente escaso.
Antes de que existieran los servicios de oncología pediátrica en el Hospital Pediátrico St. Damien, los niños con cáncer en Haití no tenían a quién recurrir.
Muchos nunca fueron diagnosticados. Muchos nunca recibieron tratamiento. Muchos murieron sin dignidad ni alivio de su sufrimiento.
Hoy en día, St. Damien ofrece atención médica pediátrica contra el cáncer que salva vidas en un país donde no existe ninguna otra opción. Sin embargo, la necesidad supera con creces la capacidad. Con solo 11 camas de oncología pediátrica para todo el país, cada día se toman decisiones difíciles.
Cada cama importa. Cada tratamiento importa. Cada niño importa.
Alice es importante.
Detrás de cada estadística, cada cama de hospital y cada vida salvada hay una familia que soporta el peso de la incertidumbre. Para la madre de Alice, la atención que recibió su hija es la razón por la que su hija está viva.
La madre de Alice habla con profunda gratitud hacia quienes hicieron posible el tratamiento de su hija.
Sin apoyo, dice, su familia nunca habría podido pagar las estancias en el hospital, los medicamentos, los tratamientos o incluso las necesidades diarias durante la enfermedad de Alice. Lo que les sostuvo no fue solo la atención médica, sino saber que no estaban solos en esta lucha.
Pero su gratitud va acompañada de urgencia.
Hay más niños esperando. Hay más familias buscando cuidados.
Y sin un apoyo sostenido, el acceso a tratamientos que salvan vidas nunca está garantizado.
Tu donación proporcionará los medicamentos, el equipo y el apoyo esenciales necesarios para mantener el hospital en funcionamiento y garantizar que los niños haitianos reciban la atención digna que merecen.
"*" indica campos obligatorios